Casa Ambre debe su nombre a la luz ámbar que la inunda cada tarde, cuando el sol se pone sobre Santa Teresa. Situada en el extremo oeste del nivel jardín, atrapa los últimos rayos del día de una forma que parece casi intencionada: un ritual diario de color y calma.
Una piscina privada que brilla en oro al atardecer. Una terraza hecha para los cócteles de la tarde. Dos habitaciones que respiran con la brisa. Ambre es una villa para quienes saben que los momentos más bellos llegan despacio, al caer el día.